Detrás peón gay

detrás peón gay

Detrás peón gay

Papi muscular

Al autor de este post, no seas ignorante, lee Ezequiel A nadie de nuestro grupo le cayó en gracia cuando los infiltrados lograron descubrir hace años las mal andanzas de la doble vida de Tony Saca y sus allegados como Cesar Funes y René Figueroa.

En política se sabe que abundan muchos hechos de gran perversidad y de diferentes categorías, desde narcos, orgías, drogadictos, borrachos, maltrato de mujeres, sicarios, asesinos, capos, contrabandistas, etc. Sin embargo creer que el ex presidente Elías Antonio Saca Gonzales mantenía un cerco de individuos, a los cuales se les ha brindado buenos puestos de trabajo en el estado, buenas propiedades a cambio de favores sexuales y que estos hasta el día de hoy sean eslabones en la logística de la campaña de Nayib Bukele, ya esto es el colmo contra los principios que rigen nuestra sociedad.

En la foto junto a Saca, Titón Herrera Valle. Con los años y en los corrillos políticos llegó a saberse que era el amante predilecto de Tony Saca. Las fotografías de Herrera Valle en su teléfono extraviado, lo confirman. Hoy Titon es un acaudalado. Nótese como Herrera Valle siempre acompaña a Tony Saca. La especialidad de Herbert en el mundo oscuro de la política había sido la de comprar voluntades de diputados y funcionarios, chantajear a políticos y empresarios mediante favores de casa presidencial, pero también existía una modalidad por la cual se llegaba a muchos de ellos y personajes financieros.

Media vez alguien caía, la segunda fase era conseguir las fotografías y las grabaciones para hacer de él o ellos, alguien a quienes manipular. Quería salir del paso, disipar toda duda sobre mi "rareza". Hubiera querido decirle la verdad, pero no me atreví. Parecía resultarle imposible que alguien como yo no hubiera querido tener hijos. Bueno, ahora te tengo a vos de hijo postizo- contesté con una risa forzada para salir de aprietos y casi vuelco el líquido de un vaso. Yo tengo padre y a vos te quiero como amigo no como padre.

No pude adivinar el motivo de esa respuesta dada con un tono serio y formal alivianado por la risa final.. Miré sus ojos y preferí disimular mi desconcierto, llamando a la camarera para pagar mi cuenta.

Yo temblaba y procuré disimularlo como pude. No nunca pretendí ser tu padre, mi lindo Toby, pensaba yo en mi cama, horas después como si estuviera hablando con él, como si mi pensamiento pudiera ser escuchado por el muchacho que dormía en su cuarto, al fin de ese corredor.

La presencia del muchacho en mi casa, cambió mis costumbres. Ya no traía hombres y prefería que mi vida privada se desarrollara en otros escenarios. En aquel momento tenía una relación tortuosa y pasional con un médico casado. Nuestra relación era predominantemente un intercambio sexual: El no se hubiera permitido otra cosa. Que dura que la tenés mi amor, decía.

Lo cogía sin piedad: Mariano gritaba, jadeaba y lloraba de deseo y necesidad, y yo iba y venía por aquel orto sumiso y palpitante. Pero nada podía compararse con la excitación que me producía Toby en sus bermudas desflecados. Con sus piernas fuertes y bronceadas al aire. Toby cubierto con una toalla a la salida del baño, Toby haciendo bicicleta en la sala del fondo. Bostezando en el sillón abierto de piernas exhibiendo el bulto mientras miraba la televisión.

Toby se habia convertido en mi obsesión. Olía su ropa interior, fisgoneaba en sus cajones cuando el no estaba, me acostaba en su cama para sentir su aroma en la mullida alomohada, me pajeaba en su cuarto mirando sus fotos.

Hasta le robé un slip celeste muy diminuto, que una vez le había visto puesto para vestírmelo de noche y pajearme locamente pensando en su piel, en su pija, en sus bolas, en su culito estupendo.

Alegaba razones de trabajo, compromisos sociales, citas, una convención en el exterior, un romance muy hot tan hot como inexistente con una modelo conocida. En aquellas primeras veces, la proximidad de sus piernas desnudas en el suelo o en el sillón, me producían escalofríos, la angustia de no poder tocarlo me hacia doler las manos, los huevos y las tripas. Lloraba con las escenas cursis de algunas películas. El me miraba a veces, y callaba. Yo no decía palabra después.

Me sonaba la nariz, decía que me dolía la cabeza y me iba a dormir. No me hacía bien desearlo tanto y no poderlo decir.

Decile a tu hermana que no lo soportas, asi le alquilan algo, un departamento y el chico se va,- me dijo mi amigo Lorenzo. Pero el sexo con Mariano, se había convertido en rutinario, en algo que no tenía excitación si yo no pensaba en Toby, si no me lo imaginaba a él en mis brazos mientras abrazaba a Mariano. No me pareció justo. Dejé de ver a Mariano. El no lo lamentó supongo. Su sensualidad estaba en mi imaginación calenturienta. Una noche volví a casa temprano y escuché unas voces que venían del cuarto de Toby: Dejé pasar un rato largo y fui a prepararme un café y lo encontré a él , sentado en la barra de la cocina, tomando wisky.

Me acerqué, encendí la luz y lo vi. Cubrió su cara, no contestó a mis preguntas y se fue a dormir. Parecía cargar con todo el dolor del mundo. Con el dolor que uno siente cuando rompe una relación, cuando se termina una historia amorosa. De eso, como de pocas cosas, yo se bastante. Lo llamé antes de que llegara a la puerta de su cuarto, y aunque quiso evitar darse vuelta lo hizo y en la semipenumbra del corredor supe que estaba sollozando deseseperadamente.

Fui tras el, lo abracé y sentí su llanto en mi cuello y se me cayó el mundo. Y en un papel que no me conocía estaba consolando a un joven de campo, ante su primera gran decepción que no se porqué pensé que era amorosa, en la gran ciudad.

Entramos a su cuarto, le servi un vaso de agua, le pedí que se tranquilizara y que me dijera qué le pasaba y como podía yo ayudarlo. No quería hablar hasta que venciendo muchos frenos auto impuestos, me contó que era gay, como yo.

Toby había sido muy valiente y lo había confesado a sus padres y hermanos. La mentira no va conmigo, me dijo. Me lo decía justo a mí, el gran fabulador.

Que yo no podría seguir viviendo en el pueblo atento a mi condición y que aquí yo podría encontrar un ambiente adecuado. En otras palabras que yo era un puto confiable.

Me habló de Miguel en la vida de todo gay siempre hay un Miguel que lo había enamorado hasta los huesos para dejarlo por un médico pijudo y muy rico. Yo me quedé sin palabras. Sentía una mezcla de pena e incomodidad. Me condolía de lo que le estaba pasando pero al mismo tiempo, estaba disgustado.

Pero al mismo tiempo, me molestaba que eso fuese importante cuando el ser que yo amaba, estaba sufriendo. Hablamos mucho esa noche. El me contó su vida y yo lo que pude recordar de la mía.

Nos abrazamos, y no sin antes advertirle que el sol saldría mañana, y que la vida continuaba. Lo miré y no me pude contener: Me fui a mi cuarto, me di una ducha, y al rato me acosté con la radio encendida.

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